Una rodilla hinchada que duele al doblarla apunta a tres causas: derrame articular, lesión de menisco o bursitis. Si además se bloquea, no se estira del todo o está caliente, es una señal de alarma y no un dolor para manejar en casa.
El derrame articular es exceso de líquido sinovial dentro de la rodilla. La articulación produce más líquido cuando algo la irrita: un menisco roto, la artrosis o la gota. La rodilla se ve redonda, sin el hueco normal a los lados de la rótula, y la movilidad queda limitada.
Una lesión de menisco da dolor al doblar, sobre todo en cuclillas, y a veces bloqueo: la rodilla se traba y hay que moverla para soltarla. El menisco es el amortiguador entre el fémur y la tibia; se rompe con un giro con el pie apoyado o se desgasta con los años.
La bursitis hincha la parte delantera de la rodilla, como una bolsa blanda sobre la rótula. Es típica de quien trabaja de rodillas, como albañiles o quienes limpian pisos, porque la presión repetida irrita esa bolsa de líquido. Una torcedura con lesión de ligamento también hincha y deja la rodilla floja, como si fallara al apoyar.